La prevención de incendios forestales es una tarea compartida que demanda gestión y coordinación territorial. Adoptar un enfoque integral del fuego se convierte en una necesidad urgente para enfrentar los desafíos del cambio climático, los incendios forestales y conservar los ecosistemas.

El cambio climático es un ciclo y trae consigo el aumento de las temperaturas y por ende la pérdida de humedad, haciendo los bosques susceptibles a incendios, fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero que aceleran este mismo cambio.

En el trópico, los incendios forestales son fenómenos cada vez más frecuentes y devastadores, que desencadenan impactos severos en la flora y fauna, generando alteraciones irreversibles y de gran alcance en nuestros ecosistemas. La mortalidad de árboles es solo el inicio, su caída crea claros (espacios sin vegetación arbórea donde entra mayor luz, aumenta la temperatura y disminuye la humedad); las variaciones alteran la distribución de especies, principalmente aquellas susceptibles a las alteraciones en la humedad y generan condiciones que convierten los bosques en ecosistemas menos resilientes y con menor capacidad para proveer a otros ecosistemas.

Para el caso del transporte de energía, los incendios forestales en la zona de servidumbre o en cercanías de las líneas de transmisión a alta tensión pueden originar cortocircuitos o daños en componentes que ocasionan la interrupción en el suministro de energía para grandes poblaciones o actividades industriales muy críticas para el País. 

El aumento de los incendios y el cambio climático traen grandes retos: la necesidad de aprender a ser más cuidadosos con el uso del fuego e impulsar un enfoque de manejo integral del mismo, que nos permita ser más preventivos (evitándolos) que correctivos (apagándolos) ante estos fenómenos.

¿En qué consiste el manejo integral del fuego?

Reconocer y abordar el rol ecológico del fuego, su cultura y el manejo del mismo, es tener un enfoque integral. Específicamente, el rol ecológico implica comprender que el fuego puede tener un impacto dual: puede ser beneficioso o destructivo para los ecosistemas.

Con este enfoque, los ecosistemas se podrían clasificar como dependientes o sensibles al fuego. Los primeros están adaptados a condiciones muy específicas, es decir, a una intensidad y extensión adecuada del fuego, sus plantas y animales responden de forma positiva; por ejemplo, se estimula la floración y germinación de semillas y, por ende, hay polinizadores y dispersores.

En contraste, los ecosistemas sensibles al fuego no tienen ninguna adaptación que les permita responder positivamente, la presencia de incendios (incluso a baja intensidad), genera un índice de mortalidad muy alto en plantas y animales, y por lo tanto, suelos erosivos, infértiles o improductivos.

Por estas diferencias, es esencial diseñar estrategias que promuevan acciones específicas para cada tipo de ecosistema.

Por otra parte, reconocer el rol cultural del fuego es trascendental en el manejo integral del mismo. Más allá de ser un agente destructor, el fuego ha desempeñado un papel fundamental en la historia y la seguridad alimentaria de diversas comunidades.

Finalmente, el manejo del fuego incorpora todas las acciones coordinadas de prevención de incendios, uso técnico y control de este.

Avances y compromisos

En los últimos años se han dado hitos importantes en la incorporación del manejo integral del fuego en Latinoamérica. En diciembre del 2023, con la firma de ocho países (Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia, Guyana y Surinam), se consolidó la Red Amazónica de Manejo Integral del Fuego (RAMIF) en el marco de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), la cual busca dar cumplimiento al memorando de entendimiento para el manejo integral del fuego.

Asimismo, existen iniciativas nacionales lideradas por entidades gubernamentales, como la estrategia de corresponsabilidad social en la lucha contra los incendios forestales del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible en Colombia, la cual está en proceso de actualización y marca pautas importantes para que todos los actores del territorio (entidades públicas, empresas privadas, comunidades, universidades, gremios productivos, medios de comunicación, entre otros) colaboren con la prevención de incendios desde un enfoque de manejo integral del fuego. Adicionalmente, se presenta el cumplimiento del Decreto 2340 de 1997 (septiembre 19), “Por el cual se dictan unas medidas para la organización en materia de prevención y mitigación de incendios forestales y se dictan otras disposiciones”.

Estos avances evidencian una comprensión más amplia y colaborativa sobre la importancia de abordar una estrategia integral, necesaria para preservar la biodiversidad y promover ecosistemas más resilientes ante los incendios.

Hasta 27 de enero del 2024 en Colombia se han quemado casi 20.000 hectáreas de bosque, un equivalente a la extensión del Parque Tayrona en Santa Marta. El 95% de los incendios forestales en el País son ocasionados por el hombre, de acuerdo con la Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible María Susana Muhamad, un llamado importante a impulsar acciones voluntarias que nos ayuden a mitigar los efectos.

Si quieres consultar algunas variables de temperatura y humedad en vivo puedes ingresar a este enlace: https://www.windy.com/es/-temperatura-temp?icon,temp,6.027,-77.520,5